A Roma fui una sola vez, a mis 17 años. En un viaje familiar.

Hoy fantaseo tomarme un aperol con alguien en una terraza italiana, viendo el atardecer. O caminar por Manhattan en Año Nuevo. O sentarme en un café europeo a recordar algo que alguna vez viví, o que alguien que conozco vivió.

Y acabo de sacar un EP entero sobre eso.

Cinco canciones escritas desde Buenos Aires, con la cabeza mirando hacia otro lado. Con la ñata contra el vidrio, diría alguien que me conoce mucho.

Se llama A Roma, y si lo leés al vesre, bueno, ya sabés.

El Origen (obsesión y obra)

No hubo un momento puntual donde dije "voy a hacer un EP que se llame A Roma". Fue apareciendo.

Venía del lore de Flasheando Europa con Planificciones —el EP donde con Kenji hablábamos de flashear un primer mundo que no es nuestro, de cipayos neocolonizados, de identidad latina—, y sentía que había algo más que contar. Algo más personal. Más íntimo.

Por un lado, el trámite de la ciudadanía italiana. Que no es solo un trámite: es una obsesión heredada, un proyecto de años, una conexión con mi nonno piemontese que a veces se siente más romántica que burocrática.

Por otro lado —y esto es más difícil de explicar—, una tendencia mía a idealizar. Lugares, personas, momentos. A construir en la cabeza versiones de la realidad que son más lindas, más cinematográficas, más europeas que lo que realmente pasa.

Roma se convirtió en el símbolo perfecto de todo eso: un lugar lejano, hermoso, cargado de historia… al que todavía no llegué. Un destino que es más idea que experiencia. Un amor al revés.

A Roma. Amor A.

Y de ahí salió todo.

Las 5 canciones (una red, no una línea)

El EP no es lineal. No cuenta una historia de principio a fin. Es más bien una red: cada canción ilumina a las otras desde un ángulo distinto.

Pero si tuviera que explicar qué hace cada una:

A Roma es el punto de partida. El impulso de irse. "Me fui junto al frío, al final de julio, en un invierno sin terminar". Es aceptación y resignación en partes iguales. Es saber que los caminos van a Roma… pero también que Roma es cualquier lugar al que todavía no llegaste. Las noches que inventamos Europa, el flash de una vida, un abrazo que ya no necesitás. Todo empieza acá.

En Nueva York lleva esa misma energía a otro escenario. Buenos Aires con vistas a Manhattan. Bondis sampleados desde mi ventana, brindis que no llegaron, diciembres en otro hemisferio. "Puede que te cruce en Nueva York, en pleno Año Nuevo, pasada Navidad". Es mi canción número cincuenta —la 50— y suena a nostalgia porteña disfrazada de postal neoyorquina. "Nuestros planes fueron mis ficciones": ahí está el quid de la cuestión, viste.

Aperol ya tiene su propia newsletter, así que no me voy a extender. Pero es la pieza central del EP. Un loop temporal. Un reloj frenado en 2022. Escenas perfectas armadas con aperoles naranjas para ocultar que por dentro seguís en otro año. Si no la leíste, andá a leerla. Y si no la escuchaste, ponela en repeat: literalmente está diseñada para eso.

Antes del Encore es otra cosa. Es tragicomedia. Observación no-solemne. Romántica pero sin solemnidad. "Mi mayor miedo: no verte más / Obsesionado en La Mayor locura". Hay un mate lavado, una silla vacía, un paquete triste de Sonrisas (sí, las galletitas). Alguien que se fue antes del encore, antes de que pudiera decir todo. Un tema indie sin querer hacer un tema indie, obsesionado con Obsesionario en La Mayor de Tan Biónica y algo más por ahí, alguna herida primaria que todavía creo que cargo.

Después del Tiempo es el gran cierre. Y es donde la cosa se pone rara (en el buen sentido). Es pura filosofía, o intento de. Kerouac con On the Road, Borges en las sombras de la calle Florida, el Tao, una torre que se ve a lo lejos. "Caminó un pasillo sin puertas / Dejando atrás otra canción". Es el personaje que deja de estar quieto y empieza a caminar, a patear rutas desde el Sur, a disolverse en la bruma. Y ahí aparece algo clave: "Yo era el otro, el inventor". Como si toda la obra anterior —las nostalgias, las postales, las despedidas— fueran ficciones. Es confesión. Es un viaje interno y externo a la vez, y al final, termina, y queda lo fantasmal, los atisbos de lo que fue y lo que no fue.

La posta del EP

Nada de lo que cuento en A Roma es inventado. Pero todo está idealizado, proyectado, apropiado, con bastante sensibilidad.

No fui recientemente ni sé si iré a Roma pronto, ojalá. No me tomé un aperol por última vez con nadie (aunque sé que hay gente que sí)*. No deseé cruzar a nadie en Nueva York (pero conozco gente cercana que sí) y entonces lo proyecté, lo construí desde experiencias individuales, traté de captar lo universal a raíz de lo individual, como mucho de lo que escribo. Y eso, para alguien con una mente fantasiosa e idealista como la mía, es tan potente como haberlo vivido.

*put… madre creo que sí. Pero bueno… ¿cómo saber que fue la última vez? JAJA. El tiempo dirá.

Este EP es la continuación del lore de Flasheando Europa, pero un poquito más personal y romántico-idealista. Allá la ironía era colectiva, compartida con Kenji y Planificciones. Acá es más personal. Es mi propia tendencia a flashear: no solo Europa, sino personas, momentos, versiones de la vida que existen más en mi imaginación que en la realidad.

Y "Después del Tiempo" es donde eso se devela. Donde el inventor se nombra. Donde admite que, tal vez, todas las canciones anteriores eran construcciones. Ficciones hermosas hechas desde una habitación en Buenos Aires.

Pero acá viene lo importante: que sean ficciones (en parte) no las hace menos reales. Las emociones son reales. La nostalgia es real. El deseo de irse (y de quedarse) es real.

Roma es desapegarse. Puede ser un lugar físico o un lugar emocional. Puede ser una ciudad o una persona. Lo que importa es que está lejos, que la idealizás, y que el camino hacia allá es la obra.

De chiquilín te miraba de afuera, como a esas cosas que nunca se alcanzan. La ñata contra el vidrio, en un azul de frío, que solo fue después viviendo, igual al mío.

Cafetín de Buenos Aires.

El proceso de producción (gracias Juani)

Todo el EP lo produjimos con Juani Bernal. Seis años laburando juntos —desde mi primera canción, cuando no tenía ni idea de producción musical— y honestamente, esto es lo mejor que hicimos hasta ahora.

De "A Roma" y "En Nueva York", que son más accesibles, más mainstream, más fáciles de digerir, a "Aperol", que fue muerte, destrucción y agonía (en palabras de Juani), a "Antes del Encore" y "Después del Tiempo", que son otra cosa.

Cada canción tuvo su proceso. Pero lo que las une es eso que pasa cuando dos personas se obsesionan con que algo quede bien: no lo soltás hasta que suena como tiene que sonar.

Las visuales y la dirección creativa, como siempre, con Fanji Creatives —el grupo creativo y sello discográfico que fundamos con Kenji—. Y fotografía de portada de Ale, con esas tomas frente al río que le dan a todo el EP una imagen que es muy Buenos Aires mirando para afuera.

Para quién es esto

A Roma es un EP para los que idealizan.

Para los que arman ciudades enteras en la cabeza y después las extrañan como si las hubieran pisado.

Para los que tienen un reloj frenado en algún año y no saben bien cómo hacerlo avanzar.

Para los que se fueron sin irse. O se quedaron habiendo ya partido.

Para los que entienden que a veces lo que no viviste pesa tanto como lo que sí.

Para los que un día se dan cuenta de que eran el inventor de su propia historia. Y que eso no la hace menos hermosa.

Si algo de esto te suena, el EP es para vos.

Escuchá A Roma — Ya disponible en todas las plataformas digitales.

Cinco canciones. Cinco intentos de frenar el reloj. Hasta entender que la única quietud se consigue caminando 🫠

– FACUSIC

P.D.: Todavía no fui a Roma, ni a Nueva York. Pero en las canciones sí ;)

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