El otro día me tomé un aperol.
El naranja brillante, el hielo chocando contra el vidrio, el sol de la tarde atravesando la copa. Parecía la postal definitiva de la felicidad. Una tarde común de verano con pequeños atisbos de la Dolce Vita.
Pero mientras miraba la copa, me di cuenta de algo.
Hay una grieta enorme entre la estética que construimos y el tiempo que realmente habitamos.
A veces nos armamos estas escenas de película —el trago de moda, el atardecer europeo, la sonrisa para la foto— mientras por dentro estamos detenidos en otro momento. En otra versión de nosotros mismos que ya no existe.
Esa es la idea central de Aperol, mi nuevo lanzamiento.
Una canción sobre la estética como refugio. Sobre cómo usamos la belleza para anestesiar la ausencia. Sobre cómo el final puede ser el principio. Sobre cómo podés estar brindando hoy pero viviendo en 2022.
El origen: Un rayo de sol italiano
El año pasado, mientras estudiaba italiano (estoy en trámite de ciudadanía, un proyecto que viene hace años), me topé con "La notte" de Arisa.
La canción arranca con una frase que me gustó:
Non basta un raggio di sole in un cielo blu come il mare
(No basta un rayo de sol en un cielo azul como el mar)
Y me dio ganas de escribir algo que empezara exactamente con esa imagen. Un rayo de sol. Un cielo azul. El mar. La península italiana. Un aperol naranja brillante.
Todas cosas que, en mi cabeza, representan lo mismo: esa fantasía del verano europeo* visto desde el tercer mundo. Esa postal que construimos en la mente y que, cuanto más la miramos, más se aleja.
Esa tardecita escribí el primer verso:
Veo un rayo de sol que dibuja mi voz
Los Aperol saben de lo mejor
Y la Península luciríamos
Y sin darme cuenta, había empezado a escribir Aperol, la tercera canción de mi nuevo EP A Roma.
*Nótese cómo seguía metido en el lore Flashing Europe 😂
El reloj detenido
Existe un fenómeno extraño: el mundo sigue girando, la gente brinda, los veranos se suceden... pero una parte tuya se queda anclada en un momento específico.
Algo parecido a la nostalgia, como una paradoja temporal de vivir simultáneamente en dos realidades: tu cuerpo está hoy acá, pero tus emociones siguen en bucle.
Un loop que no cierra.
La canción lo dice así:
Tengo un reloj que frenó en '22
Horas espejo, lejos de vos
Y los años siguen y yo no
El 22 es un número maestro de creación.
Dato de color: lo tengo tatuado en el brazo (XXII).
Ese año fue interesante para mí: saqué varios temas como solista y en colaboración (muy escuchados), conocí nueva gente, hice muchas cosas piolas y el año cerró con broche de oro (Argentina ganó el Mundial).
Y también entré en ciertas emociones que aún hoy continúan.
Algunas experiencias que no cierran, que se repiten, que terminan donde empiezan.
Y eso es exactamente lo que hace esta canción.
La estructura del loop (o el eterno retorno)
Ah flasheaba filosofía.
Aperol es una canción cíclica.
Empieza y termina con el mismo verso. El efecto de sonido ambiental del final transiciona directo al principio. Si la ponés en repeat, no hay final.
Es como si el tema se mordiera la cola. Un Ouroboros en forma de temaiken.
Como en Dark (Netflix): "El fin es el principio, y el principio es el fin."
Por eso en la letra aparecen dos “paradojas”:
Cuando te vea otra vez
Será por primera vez
Y después:
Cuando te vea otra vez
Será por última vez
¿Primera o última?
Ambas. Porque en un loop temporal, cada final es un nuevo comienzo. Cada despedida es un reencuentro. Cada vez que cerrás algo, volvés a abrirlo.
Una estructura diseñada para no cerrarse nunca (cualquier parecido con aspectos íntimos de mi mente es pura coincidencia).
Ahí‘ta la trampa viteh.
Volver A Empezar (y nunca poder)
En la canción aparecen referencias a "Volver A Empezar" de Alejandro Lerner y "The Scientist" de Coldplay.
Lo gracioso es que escribí “volver a empezar” porque sonaba lindo, pero ni había pensado en la letra del tema. O capaz que sí (inconscientemente),
Pasa la vida y el tiempo no se queda quieto
Que es otra forma de decir que los años siguen y yo no…
O Chris Martin cantando que corre en círculos y quiere que lo lleven de vuelta al principio.
Runnin' in circles, comin' up tails (…)
Oh, take me back to the start
Ambas son himnos de quien desea rebobinar la cinta. De quien fantasea con volver al inicio y hacer todo distinto. De la melancolía por algo que ya no es.
Coldplay es la razón por la que hago música melancólica (ponele). Fue mi primera experiencia estética con la idea de ser cantante, escribir canciones, llenar estadios (aunque esto último responde a una fantasía con la que últimamente no conecto mucho).
Entonces cuando en Aperol suena "Oh, take me back (…)" (llevame de vuelta al inicio) en un arreglito de coros (min. 1.12), hay intención.
Y todo lleva al quiebre:
Puedo cantar Volver A Empezar
The Scientist suena y no quiero más
Buscarte para melancolizar
Ahí el personaje se da cuenta: ya no quiere seguir viviendo en el pasado. Ya no quiere buscarte para sentir. Ya no quiere armar ficciones estéticas para anestesiar la ausencia.
Y el problema es que la canción sigue. El loop continúa.
Porque decir "no quiero más" no significa poder salir.
A veces el deseo de terminar algo es parte del mismo ciclo que te mantiene adentro.
Todo empieza y termina en vos. Pero eso no lo hace más fácil.
Roma al revés
El EP se llama A Roma.
Roma al revés es Amor (re cliché, sí). Y la canción termina así:
Y la Península luciría Amor
Luciría. Potencial. No pasó. No está pasando. Pero podría.
Toda la canción está construida sobre esa tensión: entre lo que fue, lo que es, y lo que podría ser. Entre la memoria, el presente, y la fantasía.
La península italiana. El aperol naranja. El verano europeo. Todo existe más como idea que como experiencia real.
Vengo de Flasheando Europa, donde irónicamente hablábamos de mi nonno piemontese, de pasaportes europeos, de "flashear" un primer mundo que no es nuestro. Todo el EP A Roma es una continuación de esa ironía: la idealización de un lugar, de un momento, de una persona.
Y quizás ahí está el punto: a veces lo que no vivimos pesa tanto como lo que sí.
Esa verdad me representa mucho a día de hoy… aunque es clave no vivir sólo de ideas. La posta es equilibrarlo con poner el cuerpo.
Sino vas a llenarte de ciudades que nunca pisaste, conversaciones que nunca tuviste y versiones tuyas que quedaron en potencial. No es la idea tampoco 😅
Sin explicaciones
Más allá de que las interpretaciones sean personales, hay cosas de la letra que no voy a explicar ni dar mi significado.
Una canción puede decirlo todo, y a la vez, no tener la necesidad de hacerlo.
Está bien que así sea.
A veces lo más potente es lo que queda implícito. Lo que se sugiere pero no se confirma.
Como cuando evocás a alguien sin decir su nombre, como cuando escribís sobre un lugar sin ubicarlo, como cuando cantás desde la subjetividad de un otro.
Lo individual se vuelve universal no cuando lo explicás, sino cuando dejás espacio para que otros lo habiten.
Ahí radica la importancia del vacío 😎
Awantiii me puse re profundo wacho.
El proceso: Muerte, destrucción y agonía
Se suponía que iba a ser una canción sencillita. Minimalista. Piano, voz, listo (en parte por motivaciones presupuestales).
Pero no funcionó así, y responsabilizo a esta persona 👀
Trabajar Aperol con el productor (y tipazo) Juani Bernal fue obsesivo. Pasaron meses intentando cerrar algo que, por definición, no cierra. Siempre había algo más para agregar: un sonido de textura de arena, copas que suenan como percusión, arreglitos ultra minimalistas estilo Billie Eilish y Finneas, una sección instrumental que rompiera, mandolinas de fondo.
Juani se enamoró de la canción tanto como yo. Y cuando eso pasa, no podés dejarla ir. Seguís probando cosas. Seguís buscando. Porque sabés que ahí hay algo: alma, sustancia, ese queseyó que tienen los buenos temas.
Terminó siendo la canción que más tiempo llevó de todo el EP.
Se diferencia de En Nueva York y A Roma, que son un poco más genéricas, más mainstream, más fáciles de digerir. Aperol es otra cosa.
En algún momento del proceso, Juani dijo algo que se me quedó grabado:
Aperol es muerte, destrucción y agonía.
Y tenía razón.
El sonido es más bien íntimo: la voz que suena demasiado cerca, silencios deliberados, mucho foley cinematográfico (ruidos de ambiente, texturas que remiten a las escenas que dibuja la canción). Una melodía sencillita y casi predecible, chocando contra una letra bastante killer y una produ que parece minimalista y que explota en el momento justo. Y luego vuelve a empezar.
El resultado es difícil de definir. Pero si tuviera que intentarlo: el sonido de estar detenido mientras todo se mueve alrededor tuyo.
Para quién es esto
Aperol es una canción sobre loops temporales.
Sobre quedarte detenido en un momento mientras el mundo sigue girando. Sobre armar escenas perfectas —el trago, el atardecer, la postal europea— para ocultar que por dentro seguís en otro año.
Es para los que brindan sonriendo mientras fingen demencia.
Para los que idealizan veranos no-vividos.
Para los que tienen un reloj detenido en algún año y no saben cómo hacerlo avanzar.
Para los que entienden que a veces verse otra vez es verse por última vez.
Para los que saben que hay experiencias que no cierran. Que se repiten. Que terminan donde empiezan.
Si alguna vez sentiste que tu vida era una puesta en escena mientras por dentro extrañabas algo que ya no existe, esta canción es para vos.
El cierre que no cierra
La canción termina donde empieza.
El final es el principio. El principio es el final.
Ponela en loop y vas a ver: no hay escapatoria (?)
Igual que en la vida.
Pero capaz ese es el punto. No se trata de escapar del loop. Se trata de reconocerlo. De habitarlo. De hacer algo piola con eso que no podés soltar.
Escuchá Aperol acá — Ya disponible en todas las plataformas.
Porque al final, si vamos a estar atrapados en un loop temporal... que al menos la canción sea honesta. Que al menos sea bella. Que al menos duela mejor.
Y que la fotito del atardecer en la Península salga linda.
– FACUSIC
P.D.: ¿Te cuento algo para cerrar?
El otro día me tomé un aperol.

